miércoles, 11 de marzo de 2009

CUANDO LA DIVERSION Y EL BUEN HUMOR, JUEGAN UN SERIO PAPEL.


“Hace 40 años prevalecía la idea de que
 lo que era bueno para el negocio era bueno para las personas. 
Pero lo que hoy prevalece es la idea de que
 lo que es bueno para las personas es bueno para el negocio.”

Clarence Francis
 Presidente de General Foods -1953-

 

"...durante una animada reunión con el equipo comercial, analizando el malestar general y la poca productividad de los últimos meses, la secretaria del Gerente de Ventas -suponiendo que, siendo yo una consultora recién arribada a la compañía, y pudiendo desconocer el estilo operativo más ‘apropiado’-  me advierte amigablemente al oído: “Que no la vean riendo porque creerán que no está trabajando..."

Si bien no podía asegurar que ese era el quid de la cuestión, tampoco estábamos muy lejos.

En una empresa con buen clima de trabajo, los empleados confían en la gente para la que trabajan, están orgullosos de lo que hacen y disfrutan con quienes comparten sus jornadas. 
Pero a la compañía, ¿para qué le sirve? ¿Por qué se habla de fomentar el “buen humor” entre empleados? ¿Qué rédito final se obtiene a la hora de hacer los balances?


En una entrevista para la televisión, el tenista Gastón Gaudio comentaba de qué manera puede perderse una competencia al dejarse llevar por las presiones de sus sponsors, las exigencias desmedidas del entrenador, la falta de apoyo de la prensa, la distancia de la familia, el mal humor, etc. Todas causas que nada parecen tener que ver con el estado físico, que alteran el equilibrio emocional y que producen una baja en el rendimiento. 
En un deportista la medición de resultados es muy clara: gana o pierde el partido. Mientras que en un escritorio de trabajo, esto suele ser, en general, menos evidente.

En el trabajo nos encontramos todos los días con numerosas situaciones que nos generan tensión, preocupación, nerviosismo y, hasta en un grado mayor, estrés: clientes que no pagan, proveedores que reclaman, el proyecto para ayer, etc. Imaginemos no poder distender, de alguna manera, estas complicaciones diarias: la maquinaria y sus engranajes, sin duda, podrían estallar.
Cuanta mayor tensión se utilice para abordar un problema, en más complejo éste se convierte y, por ende, en 
menos productivos nos transformamos.

Entonces, podríamos decir que el clima organizacional es el conjunto de cualidades, atributos o propiedades relativamente permanentes de un ambiente de trabajo que son percibidas o experimentadas por las personas que componen la organización y que influyen sobre su conducta/desempeño. Y esto es lo que las organizaciones exitosas y productivas tienen en cuenta.

El diccionario de la Real Academia Española define la palabra “humor” como la “disposición en que alguien se halla para hacer algo” y el “estado afectivo que se mantiene por algún tiempo”.
Según algunas investigaciones, los trabajadores que más producen son aquellos que tienen un alto grado de satisfacción con sus responsabilidades y con la organización. Cuanto más contento esté un empleado, más se puede conseguir de él. Podrá costarle mucho esfuerzo realizar su trabajo, pero no desistirá en la tarea ya que lo hace satisfecho.

La diversión y el trabajo no están, en absoluto, enfrentados sino todo lo contrario: se potencian positivamente.

Tomemos el ejemplo de Google: nadie puede negar que es una de las líderes en su género. Y en sus oficinas, el buen clima es lo que sus empleados destacan, propiciado por algunos elementos que lo favorecen: un enorme pizarrón en la entrada invitando a escribir nuevos proyectos que se consideren útiles para la compañía, numerosas salas de juego a donde dirigirse al necesitar de un recambio de aire, cómodos sillones para descansar de la rutina diaria o bien estar más a gusto mientras se terminan las labores diarias.
La empresa Google quiere tener a los mejores talentos del mundo trabajando para ellos, y su estilo de trabajo les da una ventaja competitiva en el mercado laboral mundial. Para mantener esa ventaja compiten contra otros que ofrecen delicias similares y en donde el candidato de calidad buscará algo más que un simple salario adecuado.

Pero ¿qué hacer cuando nuestra compañía, con menores recursos económicos, quiere fomentar el bienestar, el buen humor y, por ende, el buen clima en sus oficinas, sin contar con los mejores sillones ni las más imponentes mesas de pool en sus instalaciones?

El buen  humor como herramienta

En las organizaciones exitosas se cree fervientemente que la unión del trabajo y la diversión no sólo es posible, sino que además, cuando se consigue, genera un clima laboral óptimo, una poderosísima energía creativa-productiva y una fuerza de atracción irresistible.

Especialistas de la empresa española “Humor positivo”, dedicada a estudiar y aplicar el humor al entorno laboral, defiende la idea de que un uso adecuado del humor puede producir efectos positivos a nivel individual y colectivo. Y que estos efectos pueden traducirse en importantes beneficios para las empresas a saber:

Aumenta la productividad :

  • Atrae y retiene a los recursos humanos más valiosos
  • Potencia la salud y las capacidades del empleado
  • Fortalece la motivación individual y colectiva
  • Estimula la innovación
  • Optimiza la comunicación interna
  • Favorece el aprendizaje
  • Cohesiona los equipos humanos

Multiplica las ventas:

  • Potencia el impacto persuasivo de los mensajes de venta
  • Fortalece las relaciones con los clientes

Mejora el clima laboral:

  • Crea un entorno más agradable y humano para trabajar

Por otra parte, Nancy Rothbard, profesora de Gestión de la Universidad Wharton en Estados Unidos y Steffaniel Wilk de la Universidad de Ohio, en sus investigaciones sobre los acontecimientos que influyen en el cambio de humor durante la jornada de trabajo, han llegado a la conclusión de que tanto un estado de ánimo positivo como negativo afectan a la productividad del trabajador, pero que el efecto del buen humor es mucho más poderoso porque la persona que disfruta más de su actividad, logra reducir la monotonía de las tareas diarias, enfocándolas de un modo más creativo y, por lo tanto, más productivo.

Para finalizar, e invitando a la reflexión, una frase más del astuto Clarence Francis:

"Podemos comprar el tiempo de las personas, podemos comprar su presencia física en un lugar determinado, podemos incluso comprar algunos de sus movimientos musculares  por hora.
Sin embargo no podemos comprar el entusiasmo, no podemos comprar su lealtad, no podemos comprar la devoción de sus corazones.
Necesitamos ganarnos esto". 

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