martes, 3 de marzo de 2009

Sobre La Risa

Reírnos involucra un amplio conjunto de movimientos musculares controlado por el sistema límbico. Si intentamos fingir la risa, movemos otros músculos, porque actuamos desde otras zonas cerebrales. ¿Somos los únicos animales capaces de reír? 

Asociamos la risa a sentimientos positivos, placenteros, a emociones que nos permiten liberar tensiones o encontrar ese lado simpático de la vida. Se produce de manera espontánea en los humanos, especialmente en los niños (que ríen casi 300 veces al día, frente a las menos de 100 veces de los adultos). Se ha comprobado que reírse produce una liberación de neurotransmisores como la dopamina, serotonina o adrenalina, incrementando la actividad cerebral; igualmente el cortisol disminuye, una hormona causante del estrés. El mismo sistema inmune se activa en estas situaciones, aparte del ejercicio muscular que supone desde la simple sonrisa que mueve nuestras mejillas a la explosión de la carcajada. 

Por ello, esta conducta resulta positiva para el individuo. A veces se ha exagerado la relación entre risa y salud, aunque la llamada risoterapia que veíamos en la película
Patch Adams (de Tom Shadyac, interpretada por el histriónico Robin Williams) tiene en parte fundamento científico. Asociamos la risa al bienestar, pero no basta simplemente con reírse para mejorar en la salud o en el ánimo. Por más que ayude, como se ha comprobado en el tratamiento de pacientes. 

En todo ello, además, hay un factor social: se ha comprobado, por ejemplo, que los hombres se ríen con tonos diferentes dependiendo de cuánto conocen a su interlocutor, o que las mujeres se ríen más cuando están en presencia de hombres. En un estudio publicado en la revista 
Psychological Science en 2002, Joanne Bachorowski analizaba la forma en que la risa funciona como una conducta social que intenta afectar a las respuestas de las otras personas: la risa es una estrategia inconsciente de influencia social, afirma esta psicóloga, que ha estudiado cómo percibimos diferentes sonidos de risas, y cuáles encontramos más atractivos, y en qué situaciones. 

Sin embargo, habitualmente no somos buenos identificando una sonrisa verdadera de una falsa. El psicólogo Paul Ekman, del Laboratorio de Percepción de la Universidad de St. Andrews, en Fife (Escocia), considera que ello puede llegar a ser útil: es más fácil conducirse entre tus semejantes si no sabes siempre lo que realmente están sintiendo. Una especie de barrera emocional que, sin embargo, no siempre funciona. De hecho, una sonrisa falsa se crea de forma consciente y deliberada, mientras que una sonrisa espontánea urge inconscientemente. Desde un punto de vista neurológico, en el caso en que se finge, se trata de una conducta que involucra la corteza cerebral, generando una orden motora, que fuerza la contracción de los músculos zigomáticos mayores de la mejilla, los que mueven los extremos de la comisura labial hacia afuera y hacia arriba. 

Espontáneamente, sin embargo, una situación que nos proporciona placer o emociones positivas se procesa en el sistema límbico, y su respuesta motora no sólo afecta a los músculos zigomáticos, sino también a los orbiculares de los ojos que son más profundosy se utilizan para cerrar los ojos. De esta manera, a la vez que adoptamos la sonrisa, entornamos los ojos y deprimimos ligeramente las pestañas. Ekman, junto con Wallace V. Friesen, desarrollaron en 1978 un sistema de codificación de la acción facial (FACS), renovado en 2002 junto con Joseph Hager. El sistema permite categorizar las conductas que expresamos en la cara a partir de los músculos que las producen. El auge de la animación por ordenador ha usado esta caracterización psicofísica para poder dotar a los personajes de emociones más realistas. 

Los músculos de la cara funcionan de forma coordinada en lo que denominan unidades de acción (más de sesenta en total), que se coordinan para crear las diferntes emociones que puede proporcionar una cara, y la intensidad de la misma. De esta manera, se han generado sistemas automatizados que son capaces de reconocer, con más eficiencia que un humano, la veracidad de una risa. La utilidad de estos sistemas va más allá de la producción de animaciones, evidentemente, alcanzando la psicología clínica, la educación o el asesoramiento publicitario y político (¿cuántos políticos muestran sonrisas fingidas?). 

Pero no siempre es posible reconocer fielmente si una expresión como la risa es fingida. Quizá en el futuro, los sistemas de atención al cliente cuenten con capacidades de reconocer el estado de ánimo del mismo, o se pueda a partir de estos estudios desarrollar detectores de mentiras que funcionen adecuadamente. Por el momento, sin embargo, no es el caso. 



Animales que ríen 
¿Es la risa una característica única de la especie humana? A menudo se ha afirmado que sólo nosotros, y quizá otros primates cercanos evolutivamente usan sonidos como la risa cuando juegan, o para expresar emociones. Los circuitos neuronales implicados en la risa están en el sistema límbico, una parte evolutivamente antigua de nuestro cerebro, y son compartidos por muchas más especies. Hay, así, una risa animal, como ha afirmado recientemente, en la revista Science
, Jaak Panksepp, investigador del Centro sobre Neurociencia, Mente y Conducta del Departamento de Psicología de la Bowiling Green State University, de Ohio (EEUU). 

Estudiando la conducta de ratas, perros y chimpancés, Panksepp encuentra similitudes entre la risa de los bebés humanos cuando juegan, o son acariciados y la de estos mamíferos. El problema principal es estimar, por parte de los científicos, si esas conductas animales están relacionadas realmente con emociones positivas, como sucede con la risa humana. Las ratas, por ejemplo, juegan a perseguirse y hacerse cosquillas, emitiendo aullidos o jadeos carácterísticos, con frecuencias similares. Estos cosquilleos,además, crean lazos sociales entre los individuos y utilizan idénticos circuitos neuronales a los humanos, relacionados con la liberación de dopamina. Se ha comprobado que se puede condicionar estas conductas de juego, que son posteriormente buscadas por los animales. Algo similar sucede con los cachorros de perro. Son indicios de que, quizá, hay un humor de perros o humor de ratas muy diferente de lo que imaginábamos. 
















la risa
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D Valencia

Marco Valdés Díaz
2G1A DG-011-07



:-)

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